Los inicios no fueron fáciles, la religión no era lo más llamativo para la juventud. Pero Don Bosco no tiraba la toalla, apostaba realmente por seguir las tradiciones cristianas y de esta manera es como consiguió que los jóvenes se fueran sumando a su propuesta.
Nos situamos en los primeros años del Oratorio de Valdocco (1846). Tampoco nos creamos que era sencilla la exposición religiosa, muchas veces parece que, al ser Don Bosco y su oratorio, todos serían creyentes y practicantes, pero nada más lejos de la realidad. Estaban en plena revolución industrial, donde las Iglesias se estaban vaciando y cada vez había menos jóvenes practicantes, casi como la situación que nos encontramos ahora mismo.
Pero esto no frenaba a Don Bosco, él tenía muy clara su misión y cómo no debíamos dejar de lado nuestra esencia por el número de jóvenes o por el qué dirán. Ante las malas miradas, desprecios o burlas, Don Bosco siguió adelante con la celebración del triduo Pascual por las calles de Turín. Os dejo aquí como lo escribe en sus Memorias del Oratorio:
El lavatorio de los pies
Cada año solíamos ir a visitar todos juntos los monumentos del jueves santo; pero, debido a algunas burlas o, mejor, desprecios de que éramos objeto, muchos no se atrevían a juntarse con sus compañeros.
Para animar a nuestros jóvenes a superar el respeto humano, aquel año por primera vez fuimos procesionalmente, cantando el Stabat Mater y el Miserere. Entonces se pudo comprobar que jóvenes de toda edad y condición se iban incorporando sin miedo a nuestras filas en gran cantidad. Todo transcurrió con orden y tranquilidad.
Por la tarde se celebró por vez primera la función del mandato. Para ello se escogieron doce jovencitos, a quienes se les suele llamar los doce apóstoles. Después del lavatorio según el ritual, se dio una plática a todo el pueblo. A continuación, invité a los doce apóstoles a una cena frugal, obsequiándoles, además, con un regalito, que todos se llevaron a su casa muy contentos.
Al año siguiente, además, se erigió canónicamente el vía crucis (1 abril de 1847), bendiciéndose las estaciones con gran solemnidad. En cada estación se decían unas palabras y se cantaba una copla religiosa adecuada.
Así se iba consolidando nuestro humilde Oratorio. Entre tanto ocurrían graves acontecimientos públicos que debían cambiar el aspecto de la política de Italia y aun del mundo (revolución del 1848).
Con este ejemplo, os invito a todos a celebrar, a mostrar nuestras creencias, a tratar esto en nuestras clases, en nuestros momentos con los alumnos, que no rehuyamos hablar con ellos, explicar, dar nuestra visión de cómo lo vivimos, ser ejemplo y testimonio vivo de lo que vamos a celebrar en esta Pascua.
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